15 ene 2010

Finanzas: La bolsa de valores y yo (Update 2)



Comienzo por la aclaración: de la bolsa de valores y de Wall Street sé muy poco, de mi bolsa personal, misterioso objeto donde se sepultan y se pierden cosas que echo allí todos los días sé un poco más. Sé, especialmente, sobre su peso excesivo, y sé de las alegrías y los descontentos en el área donde llevo la billetera, pedacito de realidad que me anuncia día a día el espacio de libertad con el que cuento para sobrevivir.

A pesar de mi despiste proverbial, este post deja constancia de mi lupa, humor y vapores matemáticos: he estado urgando en la bolsa de valores. Intento comprender las entrañas de ese juego de Bingo o de Bolita gigante y las tentaciones que genera para que casi todos estemos, de una manera u otra, dentro de él a través de fondos de pensiones, bonos salariales, acciones, lo que sea.

Todos estamos ligados a Wall Street. Por esa razón fundamental, un estornudo de la bolsa y ¡pam!, la polvareda en todos los rincones es gigante, estremecedora. Para los que no aceptan el juego de Bingo capitalista, sólo puedo decirles que no es posible cambiarlo por otro. El salario que reciben está vinculado a la bolsa, la pensión de retiro que reciben o recibirán, la asistencia médica, la comida, todo, está vinculado a la bolsa en acciones verdes, rojas o azules.

Ah, esa bolsa de valores. Allí se compra y vende, entre sofisticadas computadoras, la razón de ser y se trueca toda aspiración humana por la razón de tener. Yo acabo de revisarla en perspectiva. Y como todo tiene su lógica debajo del sol, la sustitución de ser por la de tener también la tiene. Sin tener no se puede ser.

Dicho lo anterior, ese aspecto material de la vida, el de ser, trascenderá única y exclusivamente si tienes con qué. Imposible pasar por alto a la bolsa de valores y tratar de ser. Y en ese laberinto sin hilo de Adriana y repleto de Minotauros, ya sean stocks (acciones) o mutual funds o ETFs o bonos u otra monería (instrumentos financieros) a las que se le ha atribuido un valor de mercado (al salario, a los retiros, a las ganancias de una compañía, a la estabilidad social de un país) todo, se trueca. Y se gana o se pierde en porcentajes de lo que tienes invertido en tu billetera personal. Nunca aumenta o disminuye por el deseo de lo que quisieras ser. Si tienes acciones, cualquiera, yields, compound interest y otras palabritas, definen tu bolsa/cartera y realidad. Realidad para ser. Y esta vez hablo de la bolsa donde está la billetera.

Les cuento: Hace tres meses, decidí comprender el ardid de la bolsa bajo el motto personal de que si no puedes hacer mucho por transformar tu realidad, debes de buscar maneras para transformar tu billetera. En
 Cuba, uno de los prehistóricos métodos, similares a la bolsa, era aquella Vaquita en los centros de trabajo. ¿La recuerdan? La gente, todos los meses, le daba a alguien 20 pesos o 25 o 30. Al final del mes, una de las personas de la Vaquita recibía todos esos 20 o 25 o 30 de un tirón. Pues, manos a la obra, me puse en función de comprender los fundamentos de la Vaquita del mundo, los stocks, mutual funds, ETFs y papeles que se comercian. Al mismo tiempo, aprendí qué cosa era yield (porcentaje) y compound interest, palabritas mágicas para los inversionistas.

No crean que mis tribulaciones y aventuras han sido en vano. Debo aceptar que he quedado sugestionada con un sistema de Bolita o Vaquita tan sofisticado que por la misma complejidad intrínseca sostiene, ya sabemos, en un dedo, al mundo.

Como en materia humana conozco la diversidad, sé de buenos y malos. Como en materia económica conozco la diversidad, intuyo los descalabros y a los bandos voraces a favor de este gran casino.

La realidad: He invertido en stocks y mutual funds, ETFs y bonos cuidadosamente seleccionados por varios criterios (solidez de la empresa, yield, etc) de manera virtual, de mentiritas, en Google Finance. Invertí $6,000 y después otros $12,000. Distribuí mis acciones virtuales en portafolios separados. Uno de Tecnología, uno de Energía, uno de Mutual Funds, y así sucesivamente. ¿Qué ha pasado en estos tres meses? Mis portafolios han crecido, aún en medio de la crisis, y ahora cuento con casi $216,000... virtuales. :-)

¿Comprenden ahora la psicología de los seres que mueven los hilos del mundo? ¿Comprenden ahora la de los otros seres que sólo desean tener? La psicología es la misma que movía a mi tío cuando jugaba a la Bolita en Cuba. Y es la misma que nos movía en aquella Vaquita. La esencia del ser que busca tener para hacer. Todos los seres humanos tienen, en mayor o menor grado, predisposición al juego, llámese lotería, bolita, vaquita, casino o bolsa de valores. Y si el juego paga casa, comida y vacaciones, por ponerles un ejemplo, pues adelante. Más allá casi nadie se plantea atributos diferentes.

Si mi billetera es una realidad que tiene un valor, me guste o no, e incluye otras realidades más prosaicas, como esos portafolios virtuales que he creado y mi calculadora soltando chispas por tres meses, esto ha parido algo y les digo qué: En el camino de buscarle sentido a las cosas, el hombre desea y cree. Pero no piensa tanto en el deseo, más bien, cree. Wall Street es el dios más poderoso sobre la Tierra hasta tanto otros dioses lo destronen, y hasta ahora, todos los promotores de dioses sobre la Tierra lo reverencian.

Por algo será... El camino, según lo observo ahora, después de las realidades matemáticas, no es llegar a ser. Ser es el final. El camino, si hay alguno, es el de tener para seguir siendo. De vida o muerte el asunto. Shakespeare se quedó enclaustrado en la ilusión del alma. "¿Ser o no ser?" Y dejó, para los que pisaban el polvo del camino ese medio ambiente a conquistar, realidad anterior a la fórmula de su pregunta.

Así que ya saben en qué disipo parte de mi tiempo libre. ¿Otra adquisición de estos tres meses? Casi gangas: Una A en Mateméticas, en la universidad, gracias a la cual mi curiosidad comenzó a operar portafolios; y otra ganga, me he reconciliado con una parte de las matemáticas, y como consecuencia, con buena parte de la humanidad. Ah, las sorpresas. Quién lo iba a decir. Vivo más tranquila. Aunque mi quehacer esencial no es momentáneamente práctico, sigue siendo el mismo: dejar constancia, pista;, y ahora, algunas filigranas de esa parte de una cultura material imprescindible casi desaparecida entre los sobrevivientes de las aguas del Golfo.

Sin esa prueba material de Bolita o Vaquita que aquí llaman portafolios, condimentada de constancia, habilidad y riesgo personal, solamente diviso la posibilidad de subir... a un barco ajeno. El propio, aunque sea una balsa, no la pueden tener sin este aprendizaje. La billetera todavía no ha comenzado a ser sin la matemática de la Bolita o Vaquita o del portafolio del día a día en las mismas entrañas del Laberinto de los Minotauros. Y si no tienen el hilo de Adriana, urgen las reconciliaciones con el tener y sus riesgos y retribuciones, los descubrimientos, el interés y otras monerías personales. Pero recuerden: los Minotauros están aquí sin Bolsita, Vaquita o portafolio; y ahí, en Wall Street y casas aledañas. La vida sigue siendo un juego de ruleta rusa, y esos Minotauros te sirven o te hunden. Ah, qué dilema.

Buen apetito.

Update 4/18/2010: Edición básica, que no profunda. No es posible que ya se me olvide el español todo el tiempo y asuma en casi todo lo que escribo ese spanglish, así, como si nada. Un ejemplo: escribí 'inversores', debí escribir 'inversionistas'. Horror.

Update 4/19/2010.- Ah, la bolsa. Cómo cambia de un día para otro. Borré los portafolios que usé anteriormente y creé otros, y esta vez, con menos juego, porque incluí las comisiones que cobran por cada acción por comprar y vender. ¿Conclusión? Pierdo. Gano en dos, uno con $800 y algo y otro con $10. En los demás, en la 'fuácata'. Una cosa fue finales del 2009, otra, hoy por hoy. ¿Ya ven por qué la bolsa de valores se vuelve casi un vicio?
Update 01/22/010: algunas correcciones de edición en el primer párrafo.